El camino más rápido al fracaso es no intentarlo. Recién superada la pandemia, un cliente nuestro decidió fortalecer su estrategia digital con un programa ambicioso. Su CEO fue claro desde muy temprano: mientras avanzamos en lo digital, la cultura de la organización tiene que evolucionar.
Por ello se impulsó un proyecto de transformación cultural. La gran mayoría de líderes se sumaron y asumieron el patrocinio; otros, desde su autonomía, no lo hicieron. Con el tiempo, la brecha se hizo visible: quienes apostaron por la evolución cultural avanzaron; quienes no, se fueron estancando. En contextos así, la inestabilidad exige decisiones y mucha transformación.
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Ambiente y mercado turbulento
Asumamos que la pandemia no fue un paréntesis. Luego se sumaron una crisis económica persistente, la aceleración de la inteligencia artificial en las empresas, un fuerte cambio generacional y una mayor polarización social, entre otros factores. Todo esto configura un escenario donde las organizaciones operan con presión constante por resultados y con cambios que no dan margen para adaptaciones graduales o lentas.

De acuerdo con el Future of Jobs Report 2023 del World Economic Forum, las habilidades que más aumentarán en importancia hacia 2027 son el pensamiento creativo y analítico, la alfabetización tecnológica, el aprendizaje continuo y la resiliencia, flexibilidad y agilidad. Desarrollar estas capacidades en un contexto de inestabilidad permanente no es solo un desafío técnico, sino cultural. Para impulsar esta cultura, se requiere fortalecer el liderazgo.
A continuación, abordo cuatro aspectos clave que marcarán la diferencia en quienes lideran estas organizaciones.
4 claves del liderazgo en organizaciones en transformación
El liderazgo se experimenta en las acciones cotidianas, especialmente en contextos turbulentos. Amy Edmondson, profesora de Harvard Business School, plantea en su libro Right Kind of Wrong (2023) un marco para liderar cuando no hay certezas y el error es parte del trabajo. Desde ese enfoque, aquí priorizo y te comparto cuatro de esas claves:
1. Asumir la incertidumbre como parte del trabajo: En contextos turbulentos no existen certezas constantes. El liderazgo aporta valor cuando reconoce explícitamente lo que no se sabe, evita promesas tranquilizadoras e irreales y toma decisiones flexibles, abiertas a un entorno cambiante.

2. Reducir el miedo al error sin diluir la responsabilidad: Las organizaciones aprenden mejor cuando el error deja de ser sinónimo de castigo. El liderazgo crea ese entorno manteniendo estándares claros, promoviendo la experimentación responsable y asumiendo las decisiones y sus consecuencias.
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3. Regular la presión que viven los equipos: La exigencia constante desgasta y la falta de tensión nos detiene. Liderar implica calibrar ritmos, prioridades y expectativas para sostener el desempeño en el tiempo, sin llevar a las personas al agotamiento o al estancamiento.
4. Aprender mientras se ejecuta: Cuando el cambio es constante, separar la acción del aprendizaje deja de tener sentido. El liderazgo integra ambos en la operación diaria, ajustando prácticas y decisiones que impulsan los resultados mientras se exploran nuevas posibilidades.
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Cultura de liderazgo
La turbulencia no es una etapa pasajera, es el contexto en el que hoy operan muchas organizaciones. En este escenario, la cultura deja de ser un tema blando y se convierte en un factor que acelera o frena decisiones, aprendizajes y resultados.
Liderar en tiempos inestables implica tomar decisiones con criterio en medio de la incertidumbre, sostener el aprendizaje y cuidar la energía de los equipos. Ahora reflexionemos: ¿Cuáles son los retos de liderazgo y cultura organizacional que tenemos en medio de esta inestabilidad?
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Espero que esta entrada te sea muy útil. Para ver otros artículos, puedes visitar mi blog Función C; Comunicación, Cambio y Cultura, haciendo clic aquí.

